Anecdota breve de un habitante del Manicomio

ANECDOTA BREVE DE UN HABITANTE DEL MANICOMIO

Fui habitante del Manicomio por tres meses. Me auto interne con el “delirio” de querer modificar el Manicomio y dotarle de un rostro rehabilitador, de un mayor compromiso con el trabajo, de conocer la causa de las muertes de pacientes, de conocer el destino de las donaciones, de influir en el manejo clínico de las salas, de conocer el circuito de la comida y los medicamentos etc.
“Estaba loco, estaba solo”, estaba en una institución total con el solo apoyo interno de Martin Moreno y el apoyo externo de Carlos Arestivo y la indiferencia y el silencio de: la Sociedad Paraguaya de Psiquiatría y la Dirección de Salud Mental. En esa situación particular pude dimensionar como se siente un internado, aunque este sea un ingreso por propia voluntad. Lo anormal era querer modificar un estado de cosas que se hicieron costumbre y norma y por lo tanto inamovibles y la locura residía en ambas: en el estado anormal que se había hecho norma y en el intento solitario sin sustento de modificarlo.
Había cometido una herejía y tenía la respuesta: movilización de sindicatos, prensa y el grupo medico de los antiguos. Me juzgaron tan rápido sin derecho a la defensa y me acusaron de falta de humanidad. Humanamente me era imposible recibir a tanta gente cada uno con sus problemas, pero me documentaba e interactuaba con los profesionales en conflictos en ese entonces enfermeras. Me incline hacia los que trabajaban y las presiones del Ministerio y Sindicatos iban hacia favorecer a los sindicatos.
El Ministro que me nombro a veces reflexionaba que mi proyecto no tenía pueblo y creo que tenía razón, desde que asumió el Ministerio hablo de fortalecer los hospitales. Mi propuesta iba de contramano, al plantear la rehabilitación y fortalecer los hogares para pacientes crónicos. Esto era estar del lado de Salud Mental, pero carecía el apoyo de la Dirección de Salud Mental.
Cuando me designaron le comunique al Ministro de entonces que yo había sido crítico con el Hospital cuando fui director de Salud Mental, por lo que fue una designación poco feliz, pero la asumí y me convertí pronto en el advenedizo, el foráneo que desde dentro se me veía como perseguidor del modo de vida Hospitalaria y pase pronto a ser perseguido por los mismos. Vivencie la falta de educación y de respeto y conductas prepotente de varios miembros antiguos del hospital, así como también la desobediencia abierta. Sentí también la deslealtad de personas de confianza que yo mismo había gestado su nombramiento.
Creo que lo mejor que pudo pasarme para mi salud mental fue dejar el hospital pronto. Pero es acaso diferente en esencia de lo que pasa en cualquier institución pública cuando se pervierte el sentido de la organización, cuando esta se organiza y se perpetua en beneficio de los profesionales y no de los pacientes. En ese instante la organización deja de ser un instrumento para el cumplimiento de sus fines para convertirse en una pesada burocracia que tiende a perpetuarse para su beneficio y a desconectarse de la realidad de los pacientes. Cuando así pasa se pervierte el sentido de la misión y esta se vuelve una organización triste, pálida, indiferente, total, rígida. También se pervierte el sentido de la organización cuando la permanencia de los pacientes adentro justifica el abultado presupuesto asignado para encerrar dejando raquítico los presupuestos para la prevención, atención y reinserción en la comunidad.
Este modelo debemos cambiar, pero es aun grande la indiferencia y la inacción de personas y organizaciones que deberían ocuparse de ello y por eso el modelo hospitalocentrico sigue gozando de buena salud y las políticas de salud mental y la pretendida reforma son letra muerta.

#8 por Charles Rodas

Por favor, Identificarse o Crear cuenta para unirse a la conversación.

Moderadores: Carlos Arestivo
Tiempo de carga de la página: 0.050 segundos

Suscribete a los boletines